El viernes pasado asistí a la presentación del libro Tetas Vencidas de Julieta Morón en Llibreria pròpia de Palma. La librería estaba a reventar, con gente incluso de pie fuera. Luciana Peker presentó este libro que explora los dilemas de la cirugía estética y los mandatos de belleza. Estos son los 10 momentos que me dejaron sin palabras.
1. El libro que destruyó su primera versión para nacer de las tripas

Julieta confesó que cuando empezó a escribir el libro, sintió que necesitaba ir a bibliotecas y librerías a buscar grandes pensadores para darle un marco teórico academicista a su experiencia. Escribió un primer libro que era un compendio de citas de otras personas teorizando sobre lo que le había pasado. Pero se dio cuenta de que había creado algo más parecido a un ensayo académico o una tesis de facultad, y que así no validaba su experiencia personal, que era lo que realmente servía e identificaba. Decidió empezar de nuevo desde su propia voz. En el libro, Julieta cuenta que siente que tenía «dos bombas de tiempo» en el pecho, refiriéndose a sus implantes vencidos.
2. La avalancha de testimonios que la convirtió en confesora involuntaria

Desde que salió el podcast y el libro, se han generado más de 30.000 testimonios. Julieta recibió mensajes de mujeres de España, Uruguay, Colombia, Venezuela y Argentina contándole sus experiencias. Una mujer de Colombia le escribió que nunca había podido hablar de esto con nadie, que se sentía enferma y quería quitarse los implantes, pero su marido pensaba que era exagerada y claro, solo podía hablar de ese tema con Juli. La responsabilidad la agobió: «Me sentí un poco agobiada en esta responsabilidad de también tener que responderles. Eran mensajes y audios que llegaban de mujeres que estaban enfermas por los implantes». Cuando publicó el tráiler del podcast de solo 2 minutos, a los 10 minutos una mujer le escribió: «Estaba dudando de ponerme implantes y acabo de cancelarlo».
Pulsa aquí para escuchar el podcast.
3. «Te rompo todo el orto»: el momento exacto en que un cuerpo deja de ser tuyo
Julieta leyó uno de los fragmentos más duros de su libro. Un viejo le susurra «Te rompo todo el orto» mientras ella, con uniforme escolar, camina al colegio. La humedad del aliento le llega a la oreja, le sube un escalofrío. Piensa «hijo de puta asqueroso y pajero», pero no le salen las palabras. El viejo ya está lejos, nadie alrededor escuchó nada. Se limpia la oreja con el puño del pullover, como si pudiera sacar lo que le dijo. Se estira la pollera del uniforme hacia abajo, mira el piso, camina más rápido. Y reflexiona: «Mi cuerpo se hace un cuerpo sexuado, mi cuerpo se desea o no, se vigila, se evalúa. Yo solo estoy camino al colegio».

4. El mercado de la belleza como industria bélica del siglo XXI
Julieta compartió un dato escalofriante: el mercado de la belleza «mueve millones, mueve casi como las armas hoy en día». Y lo ilustró con ejemplos cotidianos: «Yo salgo del trabajo y tengo una clínica de botox en 15 minutos. Miro ahora Instagram y me dicen que tengo que llegar bien al verano». Contó sobre una campaña en Madrid: «Una pancarta enorme en Madrid que decía que era nuestra responsabilidad mejorar el paisaje de las playas. Eso no era poner tachos, no era limpiar, era ponerse los implantes. Nosotras, paisaje, decoración».
5. Operarse a los 18: rebeldía adolescente o sumisión perfecta
«Las tetas las pagaba yo», contó Julieta. Con todos sus ahorros de infancia: «Los sobres de mi bisabuela para mi muñequita preferida, cada billete de mis abuelos en cada cumpleaños, de mi comunión recibiendo el cuerpo de Cristo vestida de blanco, de mi confirmación, de cada Navidad y Reyes Magos». Su madre los cambiaba a dólares y los guardaba en una caja fuerte oxidada bajo la escalera.
Para Julieta operarse era decir «este es mi cuerpo y hago lo que yo digo». Pero ahora se pregunta: «¿Cuáles son las decisiones sobre el propio cuerpo que nos empoderan y cuáles nos cosifican? ¿Son libres las decisiones, están aisladas y separadas de la cultura, el tiempo, el lugar?»

6. El Archivo Trans: cuando los estereotipos literalmente matan
Vanesa Cufré hizo un inciso para hablar sobre la realidad de las personas trans. Este proyecto recopila historias de compañeras trans que muchas veces solo eran conocidas dentro de su propia comunidad. Explicó cómo muchas mujeres trans recurrían al aceite de silicona industrial porque no podían acceder a procedimientos médicos seguros. Había médicos inescrupulosos que mentían diciendo que inyectaban metacrill cuando en realidad usaban ese mismo aceite industrial. Muchas compañeras murieron en el momento de la inyección, mientras buscaban conformar su identidad. Vanesa mostró fotos del archivo y sentenció: «Los estereotipos de belleza, cuando se cruzan con la marginalización, literalmente matan». Como ejemplo reciente, mencionó a Silvina Luna, una figura del espectáculo argentino que falleció hace un año por complicaciones de estas inyecciones, demostrando que el problema trasciende a la comunidad trans.

7. Las frases en papelitos: un ejercicio de dolor colectivo
En la segunda parte de la presentación repartieron unos papelitos para escribir frases que nos han dicho sobre nuestros cuerpos. Lo que salió fue demoledor: «Esa postura no es femenina», «¿Cuándo te vas a teñir las canas?», «Tiran más dos tetas que dos carretas», «Cuando me acuesto a dormir, suelto la panza», «Vos igual no tenés el culo duro», «Te estás quedando pelado», «Ay, pero qué chiquita que sos», «Te veo súper flaca»…. Cada papelito era una herida compartida. «Vemos que pasamos por todo», dijo Julieta. «Las cosas que vemos como más individuales… en realidad son colectivas».
8. El testimonio de la superviviente: cuando la perspectiva lo cambia todo
Una asistente compartió un testimonio conmovedor. Había sobrevivido a un linfoma de Hodgkin bastante grave, pasando por quimioterapia, trasplante de médula, catéter y múltiples biopsias. Cuando le dieron el alta, su padre le ofreció hablar con la obra social para que le cubrieran los implantes mamarios. Ella estaba convencida: después de tantas operaciones, pensó que una más no importaba, que esta sería para sentirse bien de verdad. Pero su ginecólogo la hizo reflexionar, advirtiéndole sobre las posibles consecuencias dada su predisposición genética. Al investigar, encontró el vídeo de Julieta y tuvo una revelación: se dio cuenta de que por querer verse bien estaba poniendo en riesgo lo que tanto le había costado recuperar: su salud. Decidió no operarse.

9. La familia como primera escuela de vigilancia corporal
Julieta habló de crecer en una casa donde la mujer de su padre vendía Herbalife y la felicidad siempre estaba en el después, cuando estuvieras flaca. Era la hermanita morocha y simpática entre hermanos rubios de ojos verdes. Contó que hacía dieta antes de volver al pueblo porque sabía que iban a evaluar su cuerpo. Cuando llegaba flaca, le tocaban las clavículas diciéndole «qué lindos los huesos». Su bisabuela le repetía que era morochita y no tenía que tomar tanto sol, que blanquita estaba más linda. Julieta reconoció que los discursos más fuertes vienen de la propia familia y reflexionó: «¿Cuántas cosas habré dicho yo que no recuerdo y que otras personas estarán escribiendo en sus libros?»
10. Un libro de preguntas en tiempos de certezas falsas
«Es un libro de preguntas, no de certezas», aclaró Julieta. No demoniza la cirugía estética ni a quienes se operan. «No está bien o mal ponerse, no está bien o mal sacarse. El tema es preguntarse por qué lo hago y desde dónde». Luciana Peker contextualizó: «En Argentina vuelve un machismo desenfrenado y en España también». Las adolescentes vuelven a sentirse juzgadas. Por eso este libro es urgente: «La literatura feminista salva», dijo Luciana. «No porque te diga qué hacer, sino porque encontrás un espejo que no te deforma». Un espejo donde encontrarte «en sus dolores, en sus dudas, en su búsqueda».

Personalmente, me encantó esta presentación. Me llevo un buen recuerdo de ella y agradezco haber podido conocer en persona a Julieta. Muy simpática y cercana, intercambiamos unas cuantas palabras en cuanto a libros, publicación y algo más. Y más tarde, tras el concierto sorpresa de La Ferni, me firmó su libro. ¡Gracias Julieta! Tal y como me pusiste en la dedicatoria, aquí estoy, ¡dándole caña a este proyecto!
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¡Hasta otra! Un placer.



